Otto Walter Volver al inicio
Paso 4 de 6
Lectura inicial ImprimirImprimir
Dirigir personas

El liderazgo es el propio corazón y alma de la dirección de empresa. Para dirigir una empresa no basta con barajar números, remodelar organigramas, ni aplicar sin más las últimas fórmulas de las escuelas de administración de empresas. En los negocios, lo que uno dirige son personas.

La dirección y el liderazgo están íntimamente unidos. Dirigir es algo objetivo, uno quiere alcanzar una meta y los resultados pueden medirse. La mecánica del oficio puede aprenderse en escuelas y cursos. Pero las legiones de hombres y mujeres jóvenes que obtienen todos los años sus títulos de “Maestro en Administración de Empresas” (MBA) son, efectivamente unos administradores ilustrados, pero sin ninguna garantía de que lleguen a ser unos líderes capaces de dirigir bien a las personas.

El liderazgo, a fin de cuentas, es otra cosa. Es algo puramente subjetivo, de difícil definición e imposible medida objetiva, que no se puede enseñar en ningún cursillo teórico, lo mismo que ningún tenista puede aprender a golpear la bola con maestría simplemente leyendo un manual. Y, sin embargo, siempre está ahí, palpable en toda empresa, marcando la personalidad de cada compañía, como reflejo del carácter, los valores y la personalidad de los directivos y sus equipos inmediatos.

El buen liderazgo es el principal ingrediente de la receta del éxito de la empresa. Naturalmente liderar es la capacidad para inspirar e inducir a otros a que trabajen en equipo de forma eficaz y coordinada, bajo la dirección de uno, en orden a lograr un objetivo común, bien sea en los negocios, en la política, en la guerra o en la cancha, y no es posible afirmar que “el líder nace”. El liderazgo se aprende, aunque sería complejo entender por entero de qué forma. La capacidad para dirigir a otros tiene una parte instintiva, pero también otra meditada y estructurada ejercida desde el buen criterio y el experto uso de las herramientas y comportamientos adecuados, y ésta sí se puede aprender, adquirir y mejorar a través de las experiencias conscientes en la vida de uno.

La naturaleza y calidad definitivas del liderazgo dependerán en parte del carácter innato y la personalidad, pero mayoritariamente de la capacidad constante para aprender de cada experiencia vivida por el propio líder, manteniendo siempre vivo e intacto el espíritu joven y entusiasta del aprendiz.”

Paco Muro Presidente Ejecutivo de Otto Walter,
 inspirado en un texto de “Harold Green”


ImprimirImprimir

Ir al siguiente paso

© 2024 - OttoWalterInternational